
Esta mañana leía en Diario Público una noticia que, no sé por qué, ni me ha sorprendido… y me preocupa, porque significa que actuaciones como ésta se dan muy frecuentemente más allá de las fronteras del mundo occidental.
http://www.publico.es/internacional/238473/castigo/latigazos/llevar/pantalones
40 latigazos por llevar ropa “indecente”… ¿Pero esto qué es? ¿Dónde vamos a llegar?
Empiezo a corroborar que las religiones son la peor imposición (sí sí, es prácticamente impuesta por la ley en algunos países) de este supuesto “mundo civilizado”. Seas creyente o no, la sigas o no, te jodes (y perdón por la expresión) y callas ante los supuestos de estas doctrinas. Luego muchos ampararán estos gestos misóginos aludiendo que “es su cultura y hay que respetarla”. No, no, cualquier libertad personal o institucional acaba cuando se pisotean los derechos de los demás, y este es un claro ejemplo. Vergonzoso.
Libertad, derechos humanos, democracia, constitución, dignidad, igualdad… son conceptos con indiferente significado en países como, en este caso, Sudán, pero por desgracia no el único, ya que son muchos otros los países que llevan a cabo comportamientos paralelos e igualmente injustos que atentan contra la dignidad de las personas y, sobre todo, de las mujeres.
Mientras tanto, ¿qué hacemos en Occidente? Porque este no es el multiculturalismo que queremos aquí ni en ningún sitio… dejémonos de incoherencias y pongamos ímpetu y aunemos esfuerzos en asuntos realmente trascendentales como es este. Sí, hay que intervenir, para eso están las instituciones transnacionales y, por qué no, los gobiernos democráticos que debieran velar por el cumplimiento de los derechos humanos. Y esto no entiende de colores políticos, sino de libertad y dignidad. No podemos permitir que estos capítulos de actos discriminatorios sigan sucediéndose en pleno siglo XXI. Ni tiene sentido ni es justo.
Imagen: lariosola.wordpress.com
España llora la pérdida de Eduardo Puelles, inspector-jefe de la Policía Nacional que dedicó toda su vida a luchar contra el terrorismo y que hoy se lo ha llevado para siempre. Que inmenso dolor se siente. Aunque esté lejos, siento muy de cerca la pérdida y doy mi más sincero pésame a sus familiares y amigos. Luchemos por la democracia; digamos no a la violencia, digamos NO a ETA. Ojalá algún día estos asesinos sean capaces de sentir lo que sentimos ahora mismo los que lloramos la muerte de Eduardo.




